Por momentos, cuando me pregunto qué fue lo que me trajo aquí, me siento seguro al concluir que fueron las pastillas. Con ellas cada camino se prefiguraba similar al anterior. No había diferencia: sin importar cuál fuera el rumbo, la victoria se adivinaba próxima, al alcance de un paseo corto. Una carta, un taxi, una carretera hacia el norte, los pasos se justificaban siempre a sí mismos, e incluso contenían la promesa de un nuevo comienzo. Un comienzo limpio, fresco y certero: en eso radica el encanto de sedarse.
Pero hoy no traigo las pastillas conmigo. Hoy hay ratos en los que la duda pega fuerte y de pronto me encuentro pensando que tal vez el entumecimiento no fue lo único. Que a lo mejor también debía sentirme insatisfecho con el arreglo que teníamos Nía y yo, que solo bajo ese pretexto pude partir, libre de culpa, en plena madrugada. O que ni siquiera fue eso, que mi presencia en esta región no depende de motivos tan mundanos.

Editorial: Alto pogo

Ámok - Giacomo Roncagliolo

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Por momentos, cuando me pregunto qué fue lo que me trajo aquí, me siento seguro al concluir que fueron las pastillas. Con ellas cada camino se prefiguraba similar al anterior. No había diferencia: sin importar cuál fuera el rumbo, la victoria se adivinaba próxima, al alcance de un paseo corto. Una carta, un taxi, una carretera hacia el norte, los pasos se justificaban siempre a sí mismos, e incluso contenían la promesa de un nuevo comienzo. Un comienzo limpio, fresco y certero: en eso radica el encanto de sedarse.
Pero hoy no traigo las pastillas conmigo. Hoy hay ratos en los que la duda pega fuerte y de pronto me encuentro pensando que tal vez el entumecimiento no fue lo único. Que a lo mejor también debía sentirme insatisfecho con el arreglo que teníamos Nía y yo, que solo bajo ese pretexto pude partir, libre de culpa, en plena madrugada. O que ni siquiera fue eso, que mi presencia en esta región no depende de motivos tan mundanos.

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